La Academia Francesa publicó la quinta edición de su diccionario
el año séptimo de la República, 1798, y reclamaba para sí (no sin cierto
cinismo justificatorio) un papel importante en la democratización de la
sociedad francesa. Explica, además, en las páginas preliminares, que una
lengua, como el espíritu del pueblo que la habla, está en una movilidad
continua que le hace perder o ganar palabras, enriquecerse o empobrecerse.
La Revolución Francesa (1789) no significó únicamente un cambio del modo de gobernar. Cambiaron sobre todo las relaciones entre las gentes y se igualaron los derechos. Hoy en día esto último puede resultar obvio; todos somos iguales ante la ley, decimos. Pero no era tan evidente a finales del siglo XVIII, cuando los nobles gozaban de ventajas personales sociales o fiscales que, además de privilegiarlos, significaban reducir a los demás habitantes del reino en seres de segunda o de tercera categoría. Naturalmente, hablamos de legislación y de derechos, y no quiere ello decir que la vida común variase absolutamente para todos.
La Revolución Francesa (1789) no significó únicamente un cambio del modo de gobernar. Cambiaron sobre todo las relaciones entre las gentes y se igualaron los derechos. Hoy en día esto último puede resultar obvio; todos somos iguales ante la ley, decimos. Pero no era tan evidente a finales del siglo XVIII, cuando los nobles gozaban de ventajas personales sociales o fiscales que, además de privilegiarlos, significaban reducir a los demás habitantes del reino en seres de segunda o de tercera categoría. Naturalmente, hablamos de legislación y de derechos, y no quiere ello decir que la vida común variase absolutamente para todos.



Por su parte, Ciudadano sería el “Nombre común a todos los
franceses y otros individuos de las naciones libres, que gozan de los derechos
de Ciudadano”, una definición que, aunque comprensible, es técnicamente muy
defectuosa, además de sorprendente cuando advierte que, referido el término a
una mujer, no es sino una “simple calificación". El posterior Diccionario político o enciclopedia del Lenguaje y Ciencia política, que se tradujo en Cádiz del francés en 1845, ya corrige la definición y dice, de forma más simple y con mayor excatitud, que Ciudadano "Es un miembro del cuerpo político en quien reside el poder social".
Al consultar la amplísima entrada de “Libertad” en el diccionario
académico anterior a la Revolución, comprobamos que, en esencia, sólo se
entendía como “el poder de actuar o de no actuar”, sin que sus límites se
vieran contemplados en los derechos del otro. Es un cambio esencial que permite
comprender que, pese a la visión pesimista (y exacta) de Fernando Garrido,
la Revolución Francesa sí fue causa de que variase la relación entre las
personas y las clases sociales o, al menos, dio carta de naturaleza jurídica y
moral a la “Igualdad” que, según el diccionario de 1798, consistía en que la Ley
es la misma para todos, ya proteja, ya castigue.